De libro en libro: galope para el verano

Pequeño tour de Francia hípico: a principios de junio el Premio del Jockey Club (Gr1) y, para los especialistas, un récord absoluto el de Ace Impact, que no solo ganó, sino que logró el mejor tiempo jamás registrado en los 2100 m de la pista de Chantilly. A los quince días, el Premio de Diane Longines (GR1) donde Blue Rose Cen, la favorita que sacó el número uno en la cuerda, ganó logrando así una tripleta histórica para una potranca de tres años: Premio Qatar Marcel Boussac (Gr1), Poule d’essai des pouliches (Gr1) … ¡Qué primavera, amigos míos! Y ahora, después del cierre de verano de los hipódromos parisinos (Longchamp y Auteuil), todas las miradas (y los binoculares) están puestos en el encuentro anual de Deauville.

 

Pare, Pare… ¡Pare ahí! ¡Deténgase! ¡No le pedimos al caballero una columna deportiva! ¡Precisamente! Ya que el calendario de carreras de galope lo permite (el trote, ya vendrá), es necesario hacer un pequeño recorrido por la biblioteca; ciertamente, no es la biblioteca más completa, más exhaustiva, más rica sobre el tema, sino la de un apasionado, construida a lo largo de los años, ¡a través de oportunidades y arrebatos!

Entonces, ¿listos para una galopada?

Fabuloso

Entonces arranquemos… y con algo fácil, atractivo y acogedor. Este es un libro con imágenes firmadas por el fotógrafo Vincent Godeau y breves notas de Christophe Donner, que en cinco capítulos, publicado en 2011 por ediciones La Martinière, cuenta la historia de un caballo de carreras desde su nacimiento hasta su gloria, un caballo simplemente llamado Le Fabuleux (El Fabuloso). Cualquier parecido con el crack del mismo nombre, nacido y criado en el Haras del Quesnay, sería obviamente pura coincidencia.

Christophe Donner,  quien como sabemos era periodista (columnista de France Soir, fundador de la revista Of Course) y también autor de: Le cheval qui sourit (EL caballo que sonríe), ilustrado por Philippe Dumas (L’École des loisirs, coll. “Mouche”, 1992); Tempête au haras (Tempestad en el haras) (L’École des loisirs, coll. “Neuf”, 2012); Passion Cheval (Pasión Caballo) con Hubert de Watrigant (Les Trois Crayons, 2012), À quoi jouent les hommes? (¿A qué juegan los hombres?) (Grasset, 2012), La Mode aux courses: un siècle d’elegance 1850-1950 (La moda en las carreras: un siglo de elegancia) con Christophe Dubois Rubio y Christine Germain-Donnat (Liénard, 2014), no solo era un apasionado de los caballos, sino también autor de otras cuarenta novelas. ¿Podría ser el único periodista al que la pluma le hace cosquillas?

Pero que no se preocupen sus colegas, Pierrette Brès, Homéric, Jacques Pauc, Jean-François Pré, Emmanuel Roussel, el difunto André Théron y todos aquellos que olvidamos aquí, ¡vendrán otros veranos!

Le Fabuleux ou la vie d’un pur-sang, Christophe Donner, Vincent Godeau La Martinière, 2011

Incluso en historietas

Pura ilustración y de carácter anecdótico, Pur-sang (Purasangre), es un álbum singular dedicado únicamente al caballo de carreras, firmado por Franz Drappier, (1948-2003) conocido como Franz, quien nació en Charleroi, dibujante y guionista belga de historietas, ganador del Gran Premio Saint-Michel en 1982 por el primer volumen de Lester Cockney, una de sus mejores series de cómics.

Con Pur-sang, Franz se da el gusto de contar una docena de historias cortas reales o ficticias, protagonizadas por caballos, jockeys, entrenadores, apostadores, carreras míticas. El prólogo está firmado por su colega Renaud (Renaud Depauw), con quien le gustaba “Pasear” por el bosque, como jinetes dominicales. Y es Pasear con mayúscula, para el paseo del domingo, lo cual dice mucho…

Publicado por Éditions du Lombard en 1985, Pur-sang encontró su lugar en la colección de nombre acertado, Filacteria, sustantivo griego utilizado para designar pequeños globos con una colilla o apéndice para indicar al personaje que habla.

Pur-sang, Franz, Éditions du Lombard, 1985

Señor Patardot

Exactamente hace un siglo (1903), Ernest Thélem, pintor, dibujante, ilustrador, artista de carteles hípicos y, por sobre todo, humorista (fundador de la Sociedad de Dibujantes Humorísticos) divirtió al mundo del turf (grama) con las tribulaciones de un propietario, el Señor Patardot – no tan viejo – quien, gracias a un reciente éxito en los negocios y en busca de notoriedad, ¡decide regalarse un equipo de carreras!

 

Es un libro ilustrado, de tapa dura, del editor (Société française d’éditions d’art), gran en-4 oblongo de unas cincuenta páginas donde el calibre del humor, a veces más grueso que la línea del lápiz, prevalece de principio a fin.

L’écurie Patardot, E.Thélem, Société française d’éditions d’Art, 1903

Crafty y croquis

Y retrocedemos en el tiempo; finales del siglo XIX, la Belle Epoque. Las carreras de caballos encuentran su lugar en la sociedad, y las apuestas contribuyen a su desarrollo. Esto no pasa desapercibido para este artista de ojo agudo y pluma elocuente, quien encuentra su inspiración no solo en el caballo, en todas sus formas, sino también de manera especial en la sociedad. Crafty, cuyo verdadero nombre era Víctor Cérusez (1840-1906), firmó con Sur le turf, la obra más valiosa que publicó. Hizo algunas otras publicaciones tales como Paris au bois (París en el bosque), Paris à Cheval (París a caballo), La province à cheval (La provincia a caballo), L’équitation puérile et honnête (La equitación pueril y honesta) etc., casi todos con el mismo editor, lo cual amerita que sea nombrado: Librairie Plon, E. Plon, Nourrit et Cie.

No hay una sola hoja sin una lámina, un dibujo, un boceto, un esbozo, un bosquejo, un cabujón o una viñeta.

Después de haber esbozado un cuadro alegre de la actividad, especialmente en París, lo que constituía su “mecanismo”, Crafty lleva, a lo largo de más de 400 páginas, sobre la silla de los que galopan y de los apasionados del tema, a Chantilly, La Croix de Berny, Marly-Le-Roi, Auteuil, Colombes, Fontainebleau, Saint-Ouen, Enghien, Maisons-Laffitte, La Marche, Rambouillet, Longchamp, Caen, Deauville, Dieppe, Pau, Vincennes. Tantos lugares y personajes cuyos nombres, en su mayoría, son tan familiares para los amantes de los caballos, hoy como ayer, empezando por el barón Finot (1826-1906), cazador, criador y propietario de uno de los más grandes establos de salto de la época, pero, sobre todo, también fue un talentoso dibujante y acuarelista, cuyas escenas de caza con sabuesos contribuyeron a su fama.

Sur Le Turf, Crafty, Plon, Nourrit et Cie, Imprimeurs Editeurs, 1899

Humor negro

Firmado por Georges de la Fouchardière (1874-1946) en 1923, Le Petit guide du parieur aux courses (La pequeña guía del apostador de carreras), editado por Éditions du siècle, batió récords de publicaciones, y aquí presentamos el número 15º de este género, ¡en el mismo año de su lanzamiento! Longevidad también, pues Éditions de la Germonière lo reeditó en 2022, 99 años después. ¿La clave del éxito? ¡Sátira, humor y buenos consejos en un universo que parece existir solo para generarlos!

El autor, periodista, comienza su carrera en 1908 con una crónica fantasiosa en Paris-Sport, luego se une a Le Canard enchaîné donde crea en la misma línea, una serie en torno a un personaje casi legendario: Alfred Bicard, conocido como “le Bouif”, el cual desarrolló más tarde en forma de héroe de novelas policíacas. El mundo de las carreras está omnipresente en su obra. Por ejemplo, Le crime du Bouif (El crimen del Bouif), comienza con el descubrimiento del cadáver de un hombre desollado y decapitado, colgado en un árbol cerca a un hipódromo parisino.

Desde 1910, Georges de La Fouchardière ya había ensayado ese estilo, especialmente en La Machine à Galoper (La máquina del galope), Éditions Tournayre, publicado en la colección conocida como “les romans fantaisistes” (novela fantástica), lo cual dice mucho sobre el tema, y reeditado en 1919 en la Librairie des Lettres, pero esta vez bajo el título L’Affaire Peau-de-Balle (El caso Peau-de Balle).

De La Fouchardière también es autor de numerosos guiones, entre ellos Le Bouif chez les pur-sangs (El Bouif y los purasangre), un mediometraje dirigido en 1934 por Léo Joannon.

Petit guide du parieur aux courses, Georges de la Fouchardière, Éditions du siècle, 1923

Y discutible…

¿En el sitio web de la Biblioteca Mundial del Caballo, es esto aceptable? Aquí queremos hablar de atreverse a publicar las definiciones de Francis Claude, autor del Dictionnaire des courses et du trifecta (Diccionario de las carreras y de la trifecta) – presentado por Léon Zitrone, publicado en 1964 por Éditions de la Pensée Moderne, e ilustrado por G. de Sainte-Croix el cual ofrece en la sobrecubierta de tapa dura de este 1/8, una faceta de su talento completamente diferente.

El autor (¡que no debió estar solo!) se suelta de principio a fin en un estilo que no dista mucho del de “Grosses têtes”, cosecha de Philippe Bouvard, con quien debe haberse codeado.

¿Un ejemplo? Desde la letra A, con Avena: “Alimento básico simbólico del caballo de carreras. Cuando decimos de un caballo que “se gana su avena” significa que no arruinará a su dueño, sin ir hasta “ponerle heno en sus botas” (Expresión que significa “acumular dinero caliente” SIC) ¿Quiere que veamos con “Paddock”?

Dictionnaire des courses et du trifecta, Francis Claude – Presentado por Léon Zitrone, La pensée moderne, 1964

Big Léon

¡Pues Zitrone! ¡Léon Zitrone! Uno de los periodistas más populares de las décadas de 1960 a 1990, el cual no dudó en caricaturizarse a sí mismo en una autobiografía titulada Big Léon (Gran León) (Hachette/Carrère, 1989).

Auténtico VRP (vendedor) de carreras y de la trifecta, a lo largo de treinta años Léon Zitrone firma un buen número, tan fáciles como populares, usando y abusando de la notoriedad del periodista estrella de la “primera cadena” para “vender”.

Así, entre otros: Léon Zitrone lo lleva a las carreras a la hora de la triple (Del Duca, 1962), Léon Zitrone, Mon tiercé, peut-on gagner (León Zitrone, mi tripleta, podemos ganar) (Solar, 1964), Au bout de mes jumelles (Al final de mis binoculares) (Buchet/Chastel, 1975), Chevaux et grandes courses (Caballos y grandes carreras) (Nathan, 1981), L’Arc en vingt-cinq triomphes (El Arco en veinticinco triunfos) (en realidad, sirve de “bandera” para el trabajo de Henri Duthu y Marc Gaillard en Lavauzelle Sport, 1990), La vie d’un cheval de course (La vida de un caballo de carreras) (Hachette pratique, 1992), etc.

¿Por qué elegir precisamente acá Vingt chevaux et un cœur (Veinte caballos y un corazón) (Solar, 1968)? Porque este título, el cual pretendía, a priori, enamorar al gran público, se combina finamente con un prólogo en forma de guiño y declaración de amor a Laura, su esposa, cuya foto aparece en el corazón del libro, en página entera, dando fe de que ella realmente ama a los caballos. ¡Y que él la ama! Eso es Zitrone en pleno y las paradojas de un adicto al trabajo con el apetito de un ogro del que todavía hoy se habla, a juzgar por los recientes comentarios ácidos de aquella que le sucedió en la “Une”: ¡Pierrette Brès!

Veinte caballos y un corazón, Léon Zitrone, Solar, 1968

Podríamos mencionar a muchos otros periodistas hípicos que se lanzaron un día a la actividad de la edición: Eugène Chapus  publicó en 1853 el primer libro de historia del tipo Le turf ou les courses de chevaux en France et à l’étranger (El turf o las carreras de caballos en Francia y el exterior) (Ed. Hachette et Cie), que precedió en 1890  a  Les courses de Chevaux en France (Las carreras de caballos en Francia) (Ed. Hachette et Cie) de Albert Huot de Longchamp de Saint Albin (ver artículo más abajo) o también Les courses en France et à l’étranger (Las carreras en Francia y el exterior) (Ed. Lahure) firmado en 1894 por SF Touchstone, seudónimo de M.Teyssier des Farges.

En 1914 sale el monumental Historique des courses de chevaux en France et à l’étranger  (Historial de las carreras de caballos en Francia y en el exterior) (Charpentier y Fasquelle) de Henry Lee, que también se presenta más adelante en esta crónica.

Le sigue  Maurice de Noisay, uno de los grandes nombres del periodismo hípico de entreguerras, con Tableau des courses (Tablero de carreras) (Ed. de la Nouvelle Revue Française, 1921), luego Voilà les courses (Acá están las carreras) (Ed. du Siècle, 1925).  Después de la Liberación, Jean Trarieux escribió: Journal d´un homme de courses 1900-1945 (Diario de un hombre de carreras 1900-1945) (Ed. Paillard, 1945) y Les courses dévoilées (Las carreras descubiertas) (Ed. Calmann Levy, 1947).

Du zoo et des fauves

1947. Precisamente en ese año Henri Thétard publicó su único libro sobre el caballo de carreras Histoire et secrets du turf (Historia y secretos del turf) (Ed. Robert Laffont, 1947), luego de su primera columna sobre el caballo titulada Évolution du cirque et de l’hippodrome (Evolución del circo y del hipódromo) hallada en el Miroir du Monde del 20 de diciembre de 1930. ¡Henri Thétard (1884-1968) es un ejemplo! ¡Una especie de sabelotodo! Como periodista en el Petit Parisien y más tarde en la Revue des deux mondes, donde escribía “notas” sobre el turf y el circo, da todo de sí mismo. Antes que todo, le apasionaban los animales, particularmente los grandes felinos y su adiestramiento. Entró a este mundo con Edmond Pezon, propietario, junto con su hermano, de una casa de fieras parisina. Antes de la Gran Guerra en la que sirvió como artillero, se le podía encontrar tocando los “belluaires” con las grandes figuras del circo, Alfred Court, luego François Bidel, famoso domador, y así, poco a poco, se va interesando en todo lo relacionado con el mundo del circo.

Por recomendación del Mariscal Lyautey, a quien había conocido en Argelia durante su servicio militar, fue ascendido a director del zoológico de la Exposición Colonial de 1931, y en 1949 fue Fundador del Club du Cirque. Fue sin duda un hombre de muchas facetas. Por un prólogo firmado por el escritor Edmond Jaloux en 1934 para Coulisses et secrets du cirque (Entre bambalinas y secretos del circo) (Librairie Plon, les petits fils de Plon et Nourrit), nos enteramos de que su afición por los caballos, así como su excéntrica carrera, provienen de su padre: “Talvez Monsieur Henry Thétard adquirió este conocimiento (el del caballo NDL) por los azares de su vida aventurera, pero yo creo que lo debe a su vocación. Su padre, General de División en retiro, es un notable escudero. Originalmente el señor Henry Thétard estaba destinado a la vida militar, pero en su preparación tenía un lado abstracto que no era en absoluto lo suyo. Después de hacer el servicio militar en Argelia, donde el Mariscal Lyautey lo rescató de más de un aprieto, ingresó a su regreso como empleado en el Crédit Lyonnais. De todas las formas de actividad humana (si me puedo expresar así), creo que esa fue la menos capaz de satisfacer el espíritu inquieto del señor Thétard.” Autor de numerosas obras como Les Dompteurs ou la ménagerie des origines à nos jours (Los Domadores o las fieras desde los orígenes hasta nuestros días) (Gallimard, 1928′), La Merveilleuse Histoire du Cirque (La maravillosa historia del circo) en dos volúmenes (Prisma, 1947), Des hommes des bêtes (De los hombres de las bestias) (edición de la Table Ronde, 1947) en las cuales traza la historia del circo moderno desde su nacimiento hasta la Segunda Guerra Mundial, ¿era el más calificado sobre el caballo, para que nos centremos en ello en esta crónica? ¿Lo convencerá leer el prólogo de su libro (ver facsímil, al lado)?

Histoires et secrets du turf, Henry Thétard, Ed. Robert Laffont, 1947

Dijo el Papa

Con el libro de Guy Thibault, tengo aquí la antítesis de “Big Léon” y con su producción Un autre regard sur les courses (Otra mirada sobre las carreras) (Castelet, 2007) vamos siguiendo los pasos de Henry Lee (continuará); un viaje de tres siglos por la Francia hípica, que comienza durante una primera carrera internacional en 1683, bajo la mirada de Luis XIV, quien firma, en 1715, la compra de los terrenos en los que se construiría el Haras du Pin. El libro, extraordinariamente ilustrado (más de 500 fotos, a menudo inéditas), es elogiado por la crítica del medio en cuestión, e incluso se cita en varios trabajos sobre la historia de las carreras, al otro lado del Canal de la Mancha, como en ese artículo de Mike Higgins publicado en 2019 en The International Journal of the History of Sport (Volumen 36, número 17-18). La última aparición hasta la fecha, es su larga narración de la visita de la Reina de Inglaterra a los famosos haras de Normandía en 1967, citada en la biografía Elizabeth II, dans l’intimacy du règne (Isabel Segunda en la intimidad del reino) firmada por Isabelle Rivière (Fayard, 2022).

Guy Thibault ha escrito muchas otras obras de referencia. Después de probar suerte en un ABC des courses (ABC de las carreras) (Ed. Vendôme, 1966), revive L’épopée de Gladiateur (La epopeya del gladiador) (UNIC, 1990), o la historia de la vida agitada y triunfal del primer caballo francés que ganó en 1865 el Derby de Epsom; con Au cœur des Jockeys (En el corazón de los jockeys) (Marcadier, 1995), arroja luz sobre esta profesión, su evolución a lo largo de más de siglo y medio de carreras y esboza veinticuatro retratos de cracks del turf.

Publicó una antología de la disciplina incomparable con los dos volúmenes Auteuil, hier et aujourd’hui, 1831-1915 (Auteuil aer y hoy 1831-1915) (Castellet, 1998) y el volumen II (1916-2003) publicado por la misma editorial ese año. ¿Deberíamos extendernos para terminar con Un siècle de galop 1900-2000 (Un siglo galopando 1900-2000) (ediciones Filippachi, 2001) el cual se publicó expresamente para celebrar un siglo de carreras en el cambio del tercer milenio?

Un autre regard sur les courses, Guy Thibault, Éditions du Castelet.

¿Quién era Henry Lee?

Más historiador que periodista, Guy Thibaut nos sirve de transición en esta crónica para volver a Henry Lee, colega de ayer, quien firmó esta gran obra un siglo antes que él, digamos incluso fundacional, la cual ya anunciamos: Historique des courses de chevaux en France et à l´étranger.

No se sabe mucho sobre Henry Lee, cuyo verdadero nombre era Edgard Lée. Periodista hípico del diario Le Temps (1861-1942). Y habrá que seguir husmeando mientras la Histoire des courses de chevaux de l´antiquité à ce jour, (Historia de las carreras de caballos desde la antigüedad hasta nuestros días) publicada en 1914, constituya un trabajo único de investigación y documentación iconográfica, 888 páginas ilustradas con 22 láminas en negro fuera del texto y 63 grabados en negro en el texto, lo cual amerita que su autor, quien pasó seis años en ella, sea conocido mejor. ¡Una extraña “fusión” Sr. Lée! Prueba de ello es el largo prólogo en el que explica que cuando era estudiante organizaba carreras a pie en las que los participantes llevaban nombres de famosos caballos de carreras del momento! Un juego que decidió una carrera, el día en que, siendo todavía un niño, aprovechando dos invitaciones que uno de sus amigos había obtenido de su tío miembro del famoso Jockey Club, apostó en Longchamp 5 francos a un caballo llamado Saint-Christophe, pues era su “apelativo” de las carreras a pie, el cual venció por una cabeza al favorito Jongleur, con una cuota de 66/1!

Volviendo al libro, el índice es elocuente en cuanto al contenido, que se divide en diez volúmenes: En la antigüedad – En Inglaterra desde el origen hasta finales de 1833 – En Francia desde el origen hasta finales de 1833 – Desde 1834 hasta finales de 1856 – Desde 1857 hasta finales de 1870 – Desde 1871 hasta finales de 1890 – Desde 1891 hasta finales de 1913 – La raza purasangre – Ganadores de las grandes pruebas – Decretos, ordenanzas, leyes y órdenes.

¡Pero la conclusión es la que más sorprende! Podría haber sido escrita ayer, más de un siglo después y seguir vigente. Probablemente porque, como advertía el autor en su prólogo “queremos decir en voz alta, que esta es una obra de independencia y buena fe. No estamos subordinados a ninguna escuela, y el objetivo que hemos perseguido, la salvaguardia de la crianza nacional hacia y contra todos los intereses particulares, excusa la severidad misma de nuestras apreciaciones”.

Historique des courses de chevaux, de l’antiquité à ce jour, Henry Lee, Librairie Charpentier et Fasquelle, 1914

Robert Milton, de Le Figaro

Digamos “Fundador” … Para ser totalmente honestos, no podemos ignorar Les courses de chevaux en France publicado por la Librairie Hachette et Cie y firmado por Albert de Luot de Longchamp de Saint-Albin en 1890, es decir, anterior al de Henry Lee. Mennessier de la Lance nos indica en un pequeño artículo en su reconocido estilo conciso, que es “Literato francés, 1843-1901. Primero trabajó para el Sport, que dirigía su padre, y luego, en 1884, se hizo cargo de la dirección del Jockey. Fue él quien creó, en Le Figaro, los informes de carreras y asuntos deportivos, que firmó como Robert Milton. También escribió numerosas obras de teatro y libros sobre esgrima. Fue el fundador del hospital para Jockeys y mozos de cuadra en Chantilly”.

Por lo tanto, la antelación de Saint-Albin con respecto a Lee es fáctica y también es necesaria al leer el índice de este primer resumen de las carreras en Francia. Juzguemos por nosotros mismos: Origen y propósito de las carreras; la Société d´Encouragement frente a la Crítica; Cuestiones relativas a la crianza; Principales establecimientos de crianza; Destete de potros y adiestramiento de yearlings (purasangres de entre 1 y 2 años SIC); El establo de entrenamiento y su personal; El entrenador y el jockey; Langé y entrenamiento de steeple-chaser; Carreras de obstáculos; Perfiles de deportistas; Perfiles de entrenadores y de jockeys; El hándicap, el juez y el starter; Hipódromos parisinos y suburbanos; Chantilly; El Gran Prix de París; El turf a veinte centavos; El juego en las carreras; El deporte y la mujer; Las carreras en las provincias; Nuestros éxitos en Inglaterra; Carreras de trote; Diccionario de términos utilizados en el turf; Lista alfabética de las reuniones; Lista alfabética de los propietarios”. ¡Se ha hecho justicia!

Les courses de chevaux en France, de Saint Albin, Librairie Hachette et Cie, 1890

Doctor, pero antes que todo Limousin

Los trabajos de Nicole de Blomac son posteriores, pero en la misma línea que los de Henry Lee (y, por lo tanto, de Saint-Albin), lo cual justifica que aquí tengan su lugar. Por otra parte, en 1991, se hace referencia a ella por su nombre, en el libro La gloire et le jeu, des hommes et des chevaux (1766-1866) (La gloria y el juego de los hombre y de los caballos), que tenemos aquí.

La lectura de la cubierta de la contraportada marca la pauta: “A finales del invierno de 1766, frente a la corte reunida, en la llanura de Sablon transformada en hipódromo, el duque de Brancas desafía a caballo, a un caballero inglés. Es el comienzo de las carreras en Francia. Porque el duque, aunque vencido, no se rinde. Con un puñado de aristócratas adinerados que comparten su gusto por el juego y su amor por la gloria, luchó por introducir en Francia caballos rigurosamente seleccionados durante generaciones por criadores ingleses y que se llamarían “purasangre”. Pronto, tanto a Vincennes como a Fontainebleau, los privilegiados acudieron en masa a admirar caballos cuya genealogía era un reflejo de quienes los criaban y poseían […].

Nicole de Blomac es criadora de caballos angloárabes desde hace treinta años, pero principalmente doctora en historia, graduada en 2002 en l’École des Hautes Etudes en Sciences Sociales (es decir, con más de setenta años), donde ingresó en los años ochenta, después de haber defendido una tesis sobre su tema favorito: El caballo, medio y modo de vida. Obra del Marqués de Voyer, militar, filósofo y empresario (1722-1782). Dos años más tarde, publicó con Belin Voyer d’Argenson et le cheval des Lumières (Voyer d´Argenson y el caballo de las Luces), cuyo prólogo fue escrito por Daniel Roche, también recientemente desaparecido, quien la había acompañado en su tesis. La historiadora realizó otros trabajos de investigación y publicó, además de La gloire et le jeu, con Bernadette Barrière,  Cheval limousin, chevaux en Limousin (Caballo limousin, caballos en Limousin) (Pulim, 2006), una obra colectiva sobre la historia de este caballo regional de silla que tanto quería.

La gloire et le jeu, des hommes et des chevaux, Nicole de Blomac Fayard, 1991

Alrededor del turf

Regionalismo… Proximidad… Estas son las palabras que vienen a la mente cuando se tiene por primera vez entre las manos este pequeño libro titulado Autour du turf. Hommes et chevaux du sud-ouest (Alrededor del turf. Hombres y caballos del suroeste) de Francis de Luze, (Delmas, 1946). Sólo se imprimieron mil ejemplares, lo que lo convierte en una pequeña rareza entre las obras estudiadas en esta crónica. Por ello, no es de extrañar que el autor no buscara quien le hiciera un prólogo a la altura de su proyecto. Era una personalidad del medio y de la región, siendo el Vicomte de Vaufreland (1874-1954), una figura de la anglomanía que reinaba en esa primera mitad del siglo y quien, entre otras actividades que llevaba a cabo con y alrededor del caballo, presidió la Société béarnaise du demi-sang (Sociedad bearnesa del mestizo), tal como nos enteramos por Xavier Bogon, historiador del turf, que lamentablemente desapareció demasiado pronto, en 2021, en medio de una de sus investigaciones sobre las carreras de Pau.

Discípulo de Saint-Cyr y oficial de caballería, Vaufreland también fue secretario del equipo del Pau Hunt, famoso por sus arrastres.

El Vizconde estaba también dotado de un buen trazo de lápiz, y divierte con algunos álbumes bien logrados; en particular el titulado “Croquis de Saint Cyr” (Imprimerie Eyméoud, hacia 1900) que describe con humor la vida de los oficiales de la famosa escuela.

Sin embargo, Francis de Luze confió la tarea de ilustrar su obra a Eugène Blocaille (1873-1961), la cual, de acuerdo con el título, casi podría calificarse de íntima en algunos aspectos. Se siente que el artista sabe de lo que habla a través de numerosas evocaciones del pasado ecuestre de Pau, cuadros de campo a través y con obstáculos, caza del zorro, etc… Blocaille está catalogado y muchas de sus obras se pueden ver en el Cercle Anglais de Pau (Círculo inglés de Pau), una asociación, una especie de club privado bien “british”, cuyos orígenes se remontan a 1828 y que posee y vela por la conservación de una colección de objetos de arte, pinturas, muebles y libros inscritos en el Inventario Suplementario de Monumentos Históricos (ISMH).

Solo queda preguntarse ¿quién fue el autor de esta particular obra? Francis de Luze, Oficial de caballería durante la Primera Guerra Mundial (¿talvez sus vínculos con el Vizconde de Vaufeland vienen de ahí?), herido y condecorado por hazañas de armas, según el sitio web del viñedo, se unió “a la empresa familiar en 1925 y se dedicó no solo a los negocios, sino también a los deportes ecuestres. Preside la Société de Courses de Bordeaux (Sociedad de Carreras de Burdeos) y la Fédération Française des Sports Equestres (Federación Francesa de Deportes Ecuestres) (Suroeste) y forma parte del consejo de administración de la Société Hippique Française (Sociedad Hípica Francesa) (SHF). Un financiero notable, dirigió eficazmente las diversas empresas a través de las dificultades de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial.

Como conclusión: Un apasionado de los caballos, minucioso y cuidadoso de la causa, ya sea hípica (carreras) o ecuestre (equitación), ansioso de compartir dicha pasión con justicia y empatía en su entorno, y su región, para cuidar y creer en su futuro.

Autour du turf. Hommes et chevaux du sud-ouest, Francis de Luze, Delmas, 1946

Jean Stern, ya que bien vale la pena nombrar uno

El libro Le Livre d’or du Turf (El libro de oro del turf) (Collectif, prólogo de Jean Stern).

Publicado por la Nouvelle édition Française en 1932 – París es importante e imponente, aunque sólo sea “físicamente”: folio, XXVII-(2)-302 pp. En la primera edición se imprimieron 125 ejemplares, todos numerados. Los escudos (casacas) están coloreados en esténcil y una foto en blanco y negro dentro del texto muestra la historia de cada establo.

Se trata de una obra notable en la que el colectivo que la emprendió –y nos gustaría saber quién la dirigió, uno se pregunta si fue precisamente el mismo prologuista Jean Stern – ofrece, con exactitud, los retratos de las grandes casacas de la época. Unos sesenta en total. De estas “grandes casas”, aún existen al menos dos. Todavía se distingue, por lo menos prueba de pasión y de “savoir-faire”: el azul y la toca amarilla del Barón Édouard de Rothshild, nieto y actual presidente de France Galop, del que lleva el nombre homónimo y el azul y blanco de los hermanos Wertheimer (ver al lado).

Jean Stern (1874-1962), banquero de profesión, era un Señor. En primer lugar, un gran deportista. De hoja fina (espada), a la edad de treinta y cuatro años ganó una medalla de oro en esgrima por equipos en los Juegos Olímpicos de Londres, en 1908. Por lo tanto, no es de extrañar (gracias Wikipedia) que cuatro años antes, se enfrentara a Robert de Montesquiou en un duelo, el 18 de enero de 1904, para lavar la afrenta de un artículo de este último, implicando a su madre. ¡Solo como simple entrenamiento sencillo!

Pero fue ante todo un caballero consumado que hizo su servicio militar en la caballería y que sirvió como capitán de esta armada durante la Gran Guerra. Henry Thétard (¡nuevamente!) nos lo recuerda en un hermoso homenaje que hace al jinete en un serio artículo de tres páginas, publicado en la Revue des Deux Mondes (1829-1971) el 15 de julio de 1961 (p. 327-329) después de la victoria de Cousin Pons en Auteuil. “A finales del siglo pasado, como joven subteniente de los Chasseurs à Cheval, él mismo montaba sus propios caballos en Auteuil, compitiendo con su primo Michel Stern, el as de los caballeros jinetes que debía morir en la carrera. Al mismo tiempo, declaró su casaca, blanca con estrellas celestes, mientras que la de Michel Stern estaba sembrada de estrellas rojas […]. Jinete, caballero-jinete y pronto propietario-criador de caballos en el haras de Saint-Pair-du-Mont, en un lugar llamado Le Cadran cerca de Cambremer en Calvados, lo que le llevó a presidir varias sociedades de carreras de caballos, principalmente la de Chantilly. También fue miembro del equipo Par Monts et Vallons del condado de Valon.

Como propietario, Jean Stern ganó la prestigiosa Grand Steeple Chase de París en cuatro ocasiones: en 1905, con Canar, luego dos veces consecutivas (1946 y 1947) con Lindor, finalmente en 1961 con Cousin Pons montado por el crack jockey Jean Daumas que recogió en su carrera el récord de cinco victorias en esta mítica carrera, tres de las cuales están en fila con la yegua Hyères III. Inigualable.

Igualmente, Jean Stern impone su producción.

Henry Thétard, en la crónica de julio a la que nos referimos, señala los éxitos de quien se convertirá en uno de los sementales más recomendados del siglo: Sicambre: “[…] Fue el mejor “tres años” de su generación, ganando todas las carreras en las que ha competido desde el comienzo de la temporada: Premio de Guiché, Premio Greffulhe, Premio Hocquart, Premio del Jockey-Club y finalmente este Gran Premio de Longchamp que por la gracia del sorteo crea tantos millonarios. Pocos caballos lo han hecho mejor en los anales de este deporte, donde el nombre de Sicambre será en adelante inseparable del de M. Jean Stern, que debe estar especialmente contento por ello”.

Pero no podemos terminar este retrato sin evocar, en conclusión, al escritor. Fascinado por Balzac, escribe, bajo el seudónimo de Maurice Serval, poco más de seis libros que giraban en torno a su obra. Miembro de la Société d’histoire littéraire de la France, en 1931 fue galardonado con el Prix Charles-Blanc por un libro que firmó con Plon en 1930, con su verdadero nombre: “A la sombra de Sophie Arnould François-Joseph Belanger Architecte des Menus Plaisirs, Premier Architecte du Compte d´Artois”.  El texto está ilustrado por 61 grabados de plantas de jardines, fachadas y decoraciones interiores de palacios, qué tal la versatilidad, el título hace mención a su papel de arquitecto de pequeños placeres, que lo vinculaba al mundo de Versalles en la época de María Antonieta, como encargado del montaje de fiestas y ceremonias de la corte. Aunque también podría estar tratarse de su relación sentimental con la famosa cantante Sophie Arnould… ¿Y entonces el caballo?

Volveremos a Henri Thétard, todavía en este artículo de La Revue des deux Mondes para evocar, bajo su firma, esta obra difícil de encontrar en su librea original Les courses de Chantilly sous la Monarchie de Juillet  (Las carreras de Chantilly bajo la Monarquía de julio) (1913): “[…] El erudito historiador del turf, que ha escrito un libro sobre las Carreras de Chantilly bajo la Monarquía de Julio y actualmente prepara un libro sobre Lord Seymour […]” Que nunca apareció. Esto fue dieciocho meses antes de su muerte.

Le Livre d’Or du Turf, Collectif, Nouvelle Édition Française, 1932

Xavier Libbrecht