L’Écuyer des Dames — 2e édition / PONS D’HOSTUN L.-H. D, Gravure Horace Vernet

La dama a horcajadas en 1806

Mennessier de La Lance encontró un pequeño e intrigante tratado para mujeres, del que nos dice “escrito en forma de cartas, con la divertida fraseología sentimental de la época. El autor se inspiró en Newcastle y en La Guérinière.“.

Este pequeño tratado es de Louis-Henri de Pons d’Hostun (1750–1825), titulado L’Écuyer des Dames (El escudero de las damas) (1806, 1817). En él, el autor se dirige a su lector de un modo que suena muy anticuado en nuestros oídos contemporáneos: “Pero confieso que me asombra que una mujer bonita, hecha para reinar en los círculos más elegantes y corteses, abandone el poder halagador de sus encantos para venir a regirse por las leyes del picadero”.

Pons d’Hostun le hace una advertencia muy delicada a su futura alumna: “Las damas, dicen ustedes, todas disfrutan de este ejercicio, y el talento de conducir bien un corcel se ha convertido para ellas en un arte sin duda tan bueno como el de variar ad infinitum las formas elegantes de todo lo que sirve para adornar vuestro sexo; el uno es inútil para la belleza, el otro desarrolla los dones y crea una diversión que contribuye tanto a la salud como al placer […] Estáis, pues, advertida, Madame, de que vamos a dejar el dulce lenguaje de los círculos para hablar sólo de caballos, monturas, bridas, paso, trote, galope y de todo lo que constituye la ciencia de la equitación, una de las más áridas en las lecciones necesarias para adquirirla, pero una de las más útiles y más agradables cuando se tiene. Por firme que sea su resolución, y cualquiera que sea la valentía con que la defenderá, no voy a abusar de ninguno de los dos”.

Para mayor comodidad y seguridad, Pons D’Hostun instó a su pupila a seguir los inicios de su instrucción con vestimenta masculina, reservando para más adelante la monta en horquilla con el traje de amazona: “El talento que queréis adquirir, Madame, cambiará vuestro sexo, y seréis conmigo, aunque siempre por vos misma, el ornamento de ambos. Como las reglas generales de la equitación están establecidas sólo para los hombres, seréis un hombre durante la primera parte del curso, y en la segunda retomaréis la ropa de vuestro propio sexo; tal es su superioridad sobre el nuestro que nosotros sólo podemos ser mujeres por el ridículo, mientras que vos hacéis gala de vuestra gracia y simpatía bajo un sombrero, de plumas y un bonete de flores.

Supongo, pues, que primero iréis vestida como un bonito caballero, y llevando en la mano una varita que en términos de equitación llamamos fusta, y comenzaremos vuestra instrucción con las reglas normales que convienen a los hombres, modificándolas, no obstante, a veces por la necesidad de decoro.”

“Puedan vuestros talentos y mi empeño daros un gran número de competidores! Será hermoso ver a las Damas competir con nosotros por los honores de la equitación“, él soñaba. Sin duda se asombraría del número de intrépidas amazonas que constituyen hoy el 80% de los asiduos a los clubes ecuestres de Francia y de Navarra.

 

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